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Clínicas clandestinas estarían aplicando terapias de conversión y violaciones correctivas en Ecuador2018
11
Feb

Clínicas clandestinas estarían aplicando terapias de conversión y violaciones correctivas en Ecuador

Varias organizaciones que luchan por los derechos humanos denuncian que a pesar de que el gobierno ha intentado controlar clínicas donde se aplican terapias de conversión, las personas homosexuales siguen siendo obligadas a someterse a este tipo de tratamientos, llegando las lesbianas a sufrir violaciones correctivas.

Por Luis M. Álvarez


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Decenas de clínicas de rehabilitación sin licencia estarían operando en Ecuador, donde ofrecen terapias de conversión bajo la premisa de que la homosexualidad es una enfermedad que debe ser «curada» según denuncian diversas asociaciones de derechos humanos, llegando en algunos casos a aplicar violaciones correctivas. «La terapia correctiva, en clínicas privadas y clandestinas de alcoholismo y drogadicción, continúa en Ecuador (…).Es una realidad», asegura Cayetana Salao, del Taller de Comunicación Mujer, instando a las autoridades a terminar con esta situación y llevar ante la justicia a los responsables de que se sigan aplicando este tipo de terapias.

La homosexualidad está despenalizada en el país andino desde 1997, siendo legales las uniones civiles entre personas del mismo sexo desde 2007. Desde hace dos años está vigente una ley que permite a las personas modificar su documentación legal acorde a su identidad de género, asumiendo el año pasado un cargo político la primera persona transgénero. Sin embargo, la homofobia sigue estando muy arraigada en una sociedad primordialemtne católica en la que progresivamente han ido ganando influencia los grupos evangélicos.

«Con frecuencia verificamos con nuestros equipos que este tipo de establecimientos no existen, donde pueden ocurrir violaciones de derechos (…).No hay clínicas de des-homosexualización. No deberían existir», declara María José Espín, directora de gestión técnica de la agencia reguladora del Ministerio de Salud, explicando que no se han encontrado indicios de estar aplicando terapias de conversión o ninguna otra violación de los derechos humanos en ninguna de las más de 60 clínicas que se han cerrado desde mediados de 2016 por condiciones de insalubridad o por operar sin licencia.

Sin emabrgo, Salao asegura que desde 2012 se habrían producido diferentes crímenes de odio y violaciones de los derechos humanos contra miembros del colectivo LGBT en más de 100 clínicas en todo Ecuador. Las personas homosexuales son generalmente ingresadas en clínicas por sus padres u otros parientes, siendo retenidas contra su voluntad durante al menos tres meses para someterse a una terapia de conversión por la que sus familiares llegan a abonar hasta 1500 dólares al mes.

El Taller de Comunicación Mujer ha documentado el testimonio de cuatro lesbianas que, entre 2014 y 2016, fueron encerradas y sometidas a terapias de conversión contra su voluntad. El «tratamiento» incluía abusos psicológicos y físicos alternado palizas, confinamiento en solitario, permanecer encadenadas durante días, ingerir medicación a la fuerza y ser obligadas a maquillarse y llevar zapatos de tacón. Asimismo fueron sometidas a «violaciones correctivas» por parte de otros pacientes y el personal sanitario. Coordinadora de la Fundación Causana, Ane Barragán sostiene que «existe una creatividad morbosa para la tortura», asegurando que habría alrededor de 200 clínicas que operan sin licencia alrededor de todo el país: «Nadie los regula o los monitorea».

La actual directora del Instituto de Gobierno en Salud de Sudamérica (ISAGS), Carina Vance, no sólo ha sido líder de las medidas contra este tipo de clínicas desde que fuera Ministra de Salud, sino que durante su mandato, desde 2012 hasta 2015, llegó a cerrar más de 100 clínicas en las que se aplicaban terapias de conversión, estando convencida de que siguen existiendo. «Este negocio es muy lucrativo (…). Estas clínicas tienen mucho poder, hay muchos intereses económicos detrás de esto (…). Hay familias que usan estos llamados servicios y esto tiene que ver con una sociedad sexista, prevalente, muy homofóbica», afirma Vance, explicando que algunas de las clínicas vuelven a abrir bajo otro nombre a los pocos meses de haber sido cerradas.



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